domingo, 6 de noviembre de 2011

LA FE VERDADERA






En esta canción clásica de Los Romanceros, el trío es acompañado por un pianista boliviano, que estuvo muy pocos días en la ciudad. Lo realmente particular es que, a pesar de que la ejecución del piano es complicada, la grabación salió de una; no hubo que repetirla ninguna vez, y quedó excelente. Ese mismo pianista acompañó al trío en  la grabación del vals argentino “Soñar y nada más”. “Fe verdadera” fue grabada después por otros cantantes, entre ellos  el ecuatoriano Julio Jaramillo. Pero no podían competir con la versión de Los Romanceros, no sólo por la misma calidad del trío, sino también por la excepcional interpretación del pianista boliviano.

 “Fe verdadera” dice así:

Con la fe verdadera/ de mi alma noble y pura/ con íntima ternura mi corazón te consagré/ te dije que era tuyo/ te dije que te amaba/ que sólo en ti pensaba y así lo cumpliré/ Será porque te quiero/ que te amo con pasión/ a Dios en mi oración/ imploro su bondad/ Tu siendo mi esperanza/ lo íntimo de mi alma/ virgen a quien reclama mi corazón piedad/

Con la fe verdadera/ de mi alma noble y pura/ con íntima ternura mi corazón te consagré/ te dije que era tuyo/ te dije que te amaba/ que sólo en ti pensaba y así lo cumpliré/ Será porque te quiero/ que te amo con pasión/ a Dios en mi oración/ imploro su bondad/ Tu siendo mi esperanza/ lo íntimo de mi alma/ virgen a quien reclama mi corazón piedad/

ESO ES IMPOSIBLE



Esta pieza fue compuesta por   Ride Tico (aparece como Ray  Tico en el disco), el seudónimo de un trotamundos costarricense, quien de  paso por Medellín, se la entregó a Los Romanceros para que la grabaran. Hace parte de “Chacha linda”. Jorge Valle le hizo el arreglo y además, incluyó un solo de guitarra, que él mismo ejecuta, realmente bello. La letra dice así:

No me pidas/ jamás que te olvide/ porque es imposible/ no me ruegues jamás que te aparte/ de mi pensamiento/  el solo pensar que estaré sin ti/ es un sufrimiento/ Quítame la vida/ y no me atormentes/ No me creas/ que es tan fácil/ este sacrificio/ es igual que arrancarme del alma la fe/ la fe en Jesucristo/ No me pidas jamás lo imposible/ porque es imposible/ dejar de quererte/ poder complacerte/ dejar de adorarte/ eso, eso es imposible/.

No me pidas jamás lo imposible/ porque es imposible/ dejar de quererte/ poder complacerte/ dejar de adorarte/ eso, eso es imposible/.

SI ME QUISIERAS


Esta canción es de la autoría de Luis E. Pabón, integrante del trío desde 1957 hasta los primeros días de 1962. Además de esta pieza, también compuso otras que grabaron  Los Romanceros como, “Doris”, dedicado a Doris Gil Santamaría, señorita Colombia en 1957, “A la reina”, dedicado a Luz Marina Zuluaga Miss Universo en 1958, y  el bambuco “Loco frenesí”.
La letra de “Si me quisieras” dice así:

Para tus ojos/ para tu pelo/ esa boquita/ de labios rojos/ para ese cuerpo/ que tu dominas/ por ese garbo/ cuando caminas/ no hay frase alguna/ música, verso/ para elogiar/ toda tu hermosura/ Si me quisieras/ un  poquitito/ yo de rodillas/ te adoraría/ para cubrirte/ toda de besos/ y así entregarte/ toda mi vida/

Si me quisieras/ un  poquitito/ yo de rodillas/ te adoraría/ para cubrirte/ toda de besos/ y así entregarte/ toda mi vida/

EL MOCHILÓN

Esta fue de las últimas canciones, llamémoslas así, bailables, que el trío grabó. La otra del mismo estilo que grabaron en esos días, fue la pieza cubana “Cuidaíto compae gallo” que desde los años 30, se conocía por la interpretación del Trío Matamoros. “El mochilón” es una canción clásica del folclor colombiano. Fue compuesta por Efraín Orozco Araujo, de Soledad, Atlántico en 1946. Como hecho curioso, en ésta grabación Jorge Valle hace varias veces la voz primera. Casi nunca tomaba él ese papel. En el huapango llamado “El llanero”, compuesto por el mismo Jorge Valle, éste hace la voz primera en buena parte de la canción, y realiza todos los falsetes que allí se entonan.

¿Quién no recuerda esta canción “El mochilón”?:




Alumbra luna, alumbra luna, alumbra luna/ ay que ya me voy pa´ la montaña/ alumbra luna, alumbra luna, alumbra luna/ ay que ya me voy pa´ la montaña/ Ay, llevo en mi mochilón ay café y panela/ y mi corazón para Micaela/ llevo en mi mochilón ay café y panela/ y mi corazón para Micaela/ Llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ Y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré/ hombe en mi cabaña/ y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré,/hombe en mi cabaña/

Alumbra luna, alumbra luna, alumbra luna/ ay que ya me voy/ pa´ la montaña/ alumbra luna, alumbra luna, alumbra luna/ ay que ya me voy/ pa´ la montaña/ Ay llevo en mi mochilón/ ay café y panela/ y mi corazón/ para Micaela/ llevo en mi mochilón/ ay café y panela/ y mi corazón/ para Micaela/ Llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ Y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré/ hombe en mi cabaña/ y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré/ hombe en mi cabaña/
Llevo en mi mochilón/ ay café y panela/ y mi corazón/ para Micaela/ llevo en mi mochilón/ ay café y panela/ y mi corazón/ para Micaela/ Llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ llevo también mi tamborcito/ pa´ entonar un buen merengue/ Y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré/ hombe en mi cabaña/ y cuando sale el sol/ ay por la mañana/ contigo yo estaré/ hombe en mi cabaña/

DESENGAÑO

Esta canción es de Roberto de Moya, el músico cubano que dirigió un conjunto en las Emisoras Unidas de Barranquilla en la década de los cuarentas. Con este conjunto, Alberto González cantó en diversas ocasiones. En homenaje a su maestro, Alberto se la dio a conocer a Jorge Valle para que la grabaran con Pabón. Jorge le hizo los arreglos para el trío, y hace parte del disco “Chacha linda”. Este bolero dice así:



No me sorprende/ que hayas fingido/ que me querías/ si siempre tuve/ el presentimiento/ que me engañabas/ sólo lo siento/ por el cariño/ que te tenía/ y que pensaba/ que con el tiempo/ me adorarías/ Pero no importa/aquel cariño/ ya se ha extinguido/ y se ha trocado/ en odio profundo/ para contigo/ hasta el extremo/ que si intentaras/ volver a amarme/ te estrellarías/ en lo profundo de un cruel abismo/

Pero no importa/ aquel cariño/ ya se ha extinguido/ y se ha trocado/ en odio profundo/ para contigo/ hasta el extremo/ que si intentaras/ volver a amarme/ te estrellarías/ en lo profundo de un cruel/ abismo/

BENDICIÓN CELESTIAL





Esta es una canción que fue completamente arreglada por Jorge Valle. No tenía ningún renombre en Colombia hasta que apareció la versión de Los Romanceros. Ellos la interpretaron por vez primera con Copete, y luego la grabaron con Luis E. Pabón. La entrada con guitarra punteada es inconfundible, y fue creada por Jorge Valle. Luego, el trío la siguió repitiendo cada vez que tocaban esta pieza, tanto con Pabón, como con Tulio Parra. Es la primera canción que aparece en el disco Chacha Linda. “Bendición celestial”, es casi el himno del trío, y dice así:

Que dicha para mí/ cuando nos conocimos/ curaste mi pena/ y alumbraste mi sino/  Un hombre que te quiera como yo/ no hallás en tu camino/ Tu para mí, yo para ti/ así lo quiere Dios. / Toma mi vida gózala es tuya. / Parece que Dios quiere que tu y yo/ formemos nuestro nido/ Su bendición consagre nuestro amor/ para eso es que vivimos/

Un hombre que te quiera como yo/ no hallás en tu camino/ Tu para mí, yo para ti/ así lo quiere Dios. / Toma mi vida gózala es tuya. / Toma mi vida gózala es tuya. /
Un hombre que te quiera como yo/ no hallás en tu camino/ Tu para mí, yo para ti/ así lo quiere Dios. / Toma mi vida gózala es tuya. / Toma mi vida gózala es tuya. /

CUANDO TÚ ME QUIERAS






En los años 1958 y 1959 Los Romanceros grabaron varios números acompañando al 
magnífico cantante vallecaucano Lucho Ramírez. En un disco completo aparecen ellos como los acompañantes en ocho de las piezas, y en otro, lo hacen  en cuatro de las canciones. Todos  los arreglos fueron hechos por el maestro Luis Uribe Bueno. Al piano estaba siempre el gran músico barranquillero Juancho Vargas. Algunos de las interpretaciones de Lucho Ramírez con Los Romanceros son, “Cuando tú me quieras”, “Aquel”, “Bonita”, “Palmeras”, “Quisiera ser”, “Si no eras para mí”.
“Cuando tu me quieras” pertenece al cantante y compositor boliviano Raul Shaw Moreno, 
y fue uno de los grandes boleros en todo el continente a finales de los años cincuentas. 


La letra dice así:


Noche a noche sueño contigo/ siento tu vida en la mía/ cual sombra divina/ 
cual eco distante/ que apenas puedo oír/. Cuando tu me quieras/ cuando me veas sonreír/ vibrarán las campanas/ y alegres mariposas/ lucirán sus colores/ en suave vaivén/ Cuando tu me quieras/ cuando me digas que sí/ bajaré las estrellas/ para ofrecerte un día/ y rendirme a tu pies/ Subirán por tu balcón/ las flores que en rumor/ reflejarán el brillo/ el brillo de tus ojos/ cuando tu me quieras/
Subirán por tu balcón/ las flores que en rumor/ reflejarán el brillo/ el brillo de tus ojos/ 
Cuando tu me quieras/ cuando me digas que sí/ bajaré las estrellas/ para ofrecerte un día/ 
y rendirme a tu pies/

UN MINUTO DE TU AMOR

Alberto Granados era en 1957 un cantante reconocido y admirado en Colombia. Tenía una voz muy particular, suave, profunda y algo nasal. Inconfundible era también su apariencia, muy caballerosa y distinguida. Utilizaba unas gotitas para resaltar sus ojos azules antes de presentarse en público. Ese año vino a Medellín, y acompañado por Los Romanceros, se presentó en varios programas de la Voz de Antioquia, y en un teatro popular del sector de Guayaquil. Como era tan famoso, todas sus presentaciones atraían multitudes. Discos Sonolux, la empresa de la que era exclusivo, quiso que el cantante grabara algunos números con el respaldo del trío. Bajo la dirección del maestro Luis Uribe Bueno se efectuaron las grabaciones de las canciones “Un minuto de tu amor” y “Somos culpables”. Tenía este cantante alguna dificultad para medir bien las entradas que le correspondía hacer en las canciones. Por ese motivo, en las grabaciones Uribe Bueno le pedía a todos los demás músicos, que le pusieran cuidado al momento en que  entrara Alberto Granados, para que todos entraran al mismo tiempo, es decir, que lo esperaran un instante hasta que él lo hiciera. El maestro también le decía a Alberto González, “Albertico dale la entrada”, y éste, con una palmadita en el hombro le indicaba a Alberto Granados, el momento preciso para entrar.




“Un minuto de tu amor” es un bolero sumamente popular, interpretado por muchísimos conjuntos, tanto tríos tradicionales, como agrupaciones más modernas. La letra de la canción dice así:

Hay un solo corazón que ha de quererte más/ encuentre o no razón/ Hay para quererte a ti/ un solo corazón/ y yo lo tengo aquí/ Muchos siglos de dolor y muchos de pesar/ me amenazan caer/ es que me amenazas tu/ con no quererme dar/ tu vida y tu querer/
Hay un solo corazón que llegaría al sacrificio por ti/ si tu le dieras un minuto de amor, lo dejarías tan feliz/ un minuto de amor/ Un minuto de amor/ yo sé que mi canción te lo puede robar/ un minuto de tu amor con siglos de dolor/ te lo puedo pagar/

Hay un solo corazón que llegaría al sacrificio por ti/ si tu le dieras un minuto de amor, lo dejarías tan feliz/ un minuto de amor/ Un minuto de amor/ yo sé que mi canción te lo puede robar/ un minuto de tu amor con siglos de dolor/ te lo puedo pagar/un minuto de tu amor/

TIERRA ANTIOQUEÑA

Esta es una guajira de Lucho Bermúdez. Los Romanceros la interpretaron a principios de los años cincuentas, cuando actuaron en el intermedio de la presentación del internacional trío Los Panchos en Medellín. También la tocaron, en un programa en la Voz de Antioquia en 1951 con la orquesta de Lucho Bermúdez, haciéndole el coro a Matilde Díaz. Existe una fotografía que recuerda este evento. La versión grabada se hizo alrededor de 1953, cuando Enrique Aguilar hacía parte del trío. Ya se escucha potente la voz de Alberto González, y además éste hace los silbidos, que imitan los pájaros que cantan en las montañas antioqueñas. La letra de la canción dice así:



Tierra antioqueña/ música viva/ maizal al viento/ canto de arriero/ Marco es tu cielo/ lleno de ensueño/ y  tus mujeres/ son  los luceros/ Cuando me aguardes en mi cabaña/ antioqueñita no desesperes/ que yo te llevo dentro del alma/ como a mi virgen de Candelaria/ Antioqueña, antioqueñita/ eres el alba que va naciendo/ sobre la cima de mis montañas/ eres el alba que va naciendo/ sobre la cima de mis montañas/

Antioqueña, antioqueñita/ eres el alba que va naciendo/ sobre la cima de mis montañas/ eres el alba que va naciendo/ sobre la cima de mis montañas/

NAVIDAD SIN AMOR



NAVIDAD SIN AMOR


Esta es la única canción con motivo navideño que grabó el trío. 

La letra dice así:
Oh, qué triste navidad/ voy a pasar sin ti/ solito aquí en mi hogar/ y tu lejos de mí/ 
Oh qué triste navidad/ dónde estará mi amor/ esta noche de paz/ de nuestro redentor/ Mi amor está ausente/ mi amor está lejos/ noche de paz, noche de amor/
/ Oh qué triste navidad/ dónde estará mi amor/ esta noche de paz/ 
de nuestro redentor/ Mi amor está ausente/ mi amor está lejos/
Que triste se ve el arbolito/ y el ledo que cuelga/ sus lágrimas tiernas/ 
Y llora porque tu te fuiste/ y juntos lloramos nuestra soledad/ Oh, qué triste navidad/ voy a pasar sin ti/ solito aquí en mi hogar/ y tu lejos de mí/

DESDE QUE LLEGASTE

Esta canción y la siguiente, “Navidad sin amor”, marcan el inicio de una gran época
de grabaciones de Los Romanceros. Esta es la primera canción grabada en la que se aprecia la voz de Alberto González casi completamente desarrollada, con una muy buena potencia Ya en el año 1952 Enrique Aguilar está con el trío, y se empieza una serie de grabaciones de discos de 78 RPM  y del disco de larga duración titulado “Nocturnal”. Luego, con Copete, Luis E. Pabón y con Tulio Parra continuarían sin interrupción las grabaciones, hasta culminar con el disco “Quiero amarte”, que fue la última producción de Los Romanceros, a mediados de los años setentas. 



La letra de este bolero es así:

Desde el instante en que llegaste a mi vida/ sentí en el alma una pasión enloquecida/ 
que me atormenta/ que no me deja ya vivir/ sin sentir tu amor/ Tenerte siempre a mi lado yo quisiera/ para calmar esta ansiedad que me devora/ que me consume/  si no me quieres yo no sé/ que será de mí/
Eres en mi vida/ mi único consuelo/ eres mi felicidad/ y por eso anhelo/ 
que estés a mi lado/ para así no sufrir más/ Pero yo espero que me quieras algún día/ como en mi vida tantas veces lo he soñado/ y que me quieras y así por siempre yo seré/ feliz/
Eres en mi vida mi único consuelo/ eres mi felicidad/ y por eso anhelo que estés a mi lado/
para así  no sufrir más/ Pero yo espero que me quieras algún día/ como en mi vida tantas veces lo he soñado/ y que me quieras y así por siempre yo seré/ feliz/

EL SABROSON

Esta canción hace parte del primer disco que grabaron Los Romanceros en Medellín. 
Es un porro compuesto por Alberto González, primera voz del trío y recuerda a la añorada Barranquilla, de la que Alberto había salido hacía pocos años. La  canción fue muy bien arreglada por Lito Paniagua y él mismo hace en algunos apartes  la primera voz. 



La letra es así:


Cuando empiece la parranda/ todos van a desfilar/ cuando empiece la parranda/ 
todos van a desfilar/ a bailar este gran porro/ por su ritmo y su compás/ a bailar este gran porro/ por su ritmo y su compás/ La mujer barranquillera/ cuando se pone a bailar/ la mujer barranquillera/ cuando se pone a bailar/ todo el mundo le abre rueda/ para verla caderear/  todo el mundo le abre rueda/ para verla caderear/
Este porro que yo canto/ es el porro sabrosón/ este porro que yo canto/ 
es el porro sabrosón/ Es el porro colombiano/ origen de mi nación/ es el porro colombiano/ origen de mi nación/ Esta tierra tan querida/ nadie la puede olvidar/ Esta tierra tan querida/ nadie la puede olvidar/ Es mi linda Barranquilla/ que en el mundo no hay igual/ es mi linda Barranquilla/ que en el mundo no hay igual/

Ay que ver a mi negrita/ cuando se pone a bailar
Esa negra sí es candela/ cuando se pone a bailar
Cómo zumba la cadera/ cuando se pone a bailar
Cómo mueve la cintura/ cuando se pone a bailar
Ay que ver a mi negrita/ cuando se pone a bailar
Cómo zumba la cadera/ cuando se pone a bailar.

lunes, 7 de febrero de 2011

TRISTE DESPERTAR





En 1948 Los Romanceros viajaron a Cartagena a efectuar 
sus primeras grabaciones. 
Una de las cuatro canciones escogidas, fue este pasillo de Francisco Paredes. Lo grabó por vez primera, Ignacio Corsini en el año 1927. Tiene una letra sumamente poética. En la interpretación de Los Romanceros se oye el dueto de voces de Alberto González y Ulpiano Morales, con la primera guitarra de Jorge Valle. Puede apreciarse, la poca potencia que tenía en ese entonces la voz de Alberto González. 


La letra es la siguiente:

Un bosque umbrío de perfumes lleno, 
silencio, soledad, completa calma;
libre de engaños y al dolor ajeno 
y un mundo de ternuras en el alma. 
Bajo el ramaje de álamos espesos,
dormida, sin rumor en la laguna;
una barca, un idilio, y muchos besos 
y detrás de los álamos, la luna. 
¡Que sueño aquel!
Me desperté llorando
porqué ni barca ni laguna vi. 
Y al ver que sólo soy feliz soñando... 
para seguir gozando, me dormí. 
Ámame sí, despiertos alma mía 
tu sola puedes realizar mi sueño 
Y mi lecho sea tu seno marfileño;
para soñar despierto que eres mía.

sábado, 25 de diciembre de 2010

SERENATA DE AMOR

Esta es una canción criolla de Jaime R. Echavarría, y fue de 
las cuatro canciones que grabó el trío en Cartagena. Cuando el compositor la escuchó, felicitó a Jorge Valle, George, como él le decía, por el arreglo que le había hecho. “Muy bien George, muy bien.



La letra dice así:
Se va llenando la noche/ con rumores de canción/ y se 
enreda en tu ventana/ mi serenata de amor/ las estrellas quedamente/ empiezan a susurrar/  se va llevando la noche/ mi serenata de amor/

La luna se vuelve plata/ cuando cae en el maizal/ y el viento 
se va llevando/ las notas de mi cantar/ es la noche de mi tierra/ que se ha vuelto corazón/ Con ella voy adornando/ mi serenata de amor/ Voy a dejarte mis quejas/ muy adentro de mi alma/ voy a cambiar tu desdén/ por un poco de esperanza/ Fue para ti solamente/ mi sentida serenata/ que forjaron las estrellas/ y el viento de mis montañas/
Se va llevando la noche/ mi serenata de amor/

miércoles, 15 de diciembre de 2010

EXPERIENCIA

Esta fue otra de las cuatro canciones grabadas en Cartagena para discos Fuentes. 

El compositor es Ulpiano Morales, que era integrante de Los Romanceros en ese año de 1948. En esta canción, y en otras de las que se grabaron en esta primera época del trío,se percibe la exagerada pronunciación del sonido “s” de parte de  Alberto González.

Con el tiempo él fue mejorando ese sonido. 



La canción dice así:

Por caricias fingidas y por falsas promesas/ por una mujer mala cambié mi corazón/
Yo fui bueno con ella, pero ella fue perversa/  y tan sólo amarguras en mi vida dejó/ Yo no había imaginado jamás que la nobleza/ ocasiona perjuicios en los casos de amor/ Yo fui noble con ella, por eso de tristeza/  inundó mi existencia y burló mi dolor/. Por eso compañero me conmueve/ pensar que sufres y lloras por amor/ Yo que sufriendo estoy sé lo que duele de una mala mujer una traición/ Escucha, mi experiencia quiere hablarte/ mi consejo  mucho te servirá/ Aprende como tratas las mujeres, y en amores jamás fracasarás/.Yo quiero que te sirva de ejemplo mi tristeza/ y otra vez no te entregues con todo el corazón/ Si quieres que te burlen trátalas con nobleza/ si quieres que te amen trátalas como son/ Del amor me quedaron tan sólo desengaños/ marchitas ilusiones y honda desolación/ Amé mucho y por eso me enseñaron los años/ que son penas futuras las penas de amor.

Como se observa, la letra de la canción no está muy en la
linea de las canciones que serían después la especialidad del trío. Más que romántica, es una canción de despecho.
Ulpiano llevaba una vida muy bohemia y de mucho conflicto y hasta agresiones, con su compañera de esa época.
La cuarta canción que grabaron Los Romanceros en 
Cartagena, nunca fue publicada. Era una canción colombiana llamada “Rosa linda”. Al compositor no le pareció acertada la adaptación que le hizo el trío, y negó el permiso de circulación. Si esa posición siguiera vigente hoy en día, nunca podrían hacerse adaptaciones y arreglos novedososa la música tradicional; no habría evolución. Como se verá más adelante, algo parecido sucedió cuando Los Romanceros interpretaron como bolero, el pasillo
“Me volví viejo”.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Hola Medellín. Inicio de "Los Romanceros"

Como se acostumbraba en esa época, los músicos acordaron con el capitán que no les cobrara  pasaje, a cambio de cantarles a los pasajeros en el recorrido. Actuaban dos veces al día, al almuerzo y a la comida. En los tres días que duró el viaje hasta Puerto Berrío, conocieron a varios de los pasajeros. Por casualidad, en ese mismo buque viajaba Oswaldo Suárez quien, como ya vimos, había sido novio de una hermana de la esposa de Alberto, y mencionamos también la disputa que se  había presentado entre ellos dos. En el viaje no se dirigieron la palabra. Oswaldo venía a Medellín como comerciante, traía en un baúl bien asegurado con candado, toda su mercancía, y los demás pasajeros lo veían sentado día y noche sobre su valioso cargamento. Con los años, la relación entre Alberto y Oswaldo se fue suavizando; y muchos años más tarde, éste último visitó a Alberto en su casa.

Algunos de los pasajeros del buque  eran tahúres. Uno de éstos, un antioqueño a quien apodaban frijolito, tan pequeñito  era, al notar que Alberto estaba con la garganta muy irritada por el trajín de los tres días seguidos cantando, le recomendó en Puerto Berrío, que se bajaran allí, y que no siguieran para Bogotá. Decía él, que esa ciudad tan fría le iba a acabar de dañar la garganta. Aceptaron el consejo. Tomaron el tren de carbón para Medellín, entraron al túnel de La Quiebra, lo atravesaron,  salieron de él  todos tiznados, y continuaron hacia la Capital de la Montaña. Tras  pocas horas de viaje, llegó el trío del pomposo nombre, Los Caballeros de la Noche, a la estación Medellín, en el sector llamado Guayaquil. En ese mes de marzo de 1945, se abría otra puerta para Alberto González y sus compañeros de trío. Empezaba una nueva vida. Ya  nunca más dejarían esta ciudad.

En ese tiempo existía el hotel Savoy situado en toda la Plazuela Uribe Uribe. Hasta allí llegó Alberto con sus dos compañeros. Él tenía muchas esperanzas de que ahora sí pudiera dedicarse a la música como profesión. Pero, sobrevino otra frustración más. Maldonado y Córdoba, casi desde el primer día, lo dejaron solo en el hotel, mientras ellos se iban a trabajar con el músico cartagenero Gustavo Fortich. Se estaba cumpliendo la profecía del maestro Roberto de Moya. A Fortich lo habían conocido en Barranquilla, y  ahora se lo encontraron en Medellín. Él hizo parte del famoso dueto Fortich y Valencia, que alcanzó renombre con interpretaciones como “El camino del café”, composición de J. Monsalve, Marfil. Fortich había tenido que venirse solo desde Barranquilla, por problemas que tuvo allí con una jovencita. Como él estaba sin compañeros, buscó otros músicos para  hacer sus presentaciones. Por eso, la llegada a Medellín de Maldonado y Córdoba, le cayó como anillo al dedo.

Ya habían pasado quince días desde  su arribo, y nada que le daban a Alberto la oportunidad de trabajar. El dinero se le había agotado, y  no tenía ni siquiera para comer. Cuando Maldonado y Córdoba aparecían por el hotel, le decían a él, que se estuviera allí tranquilo, que él era la estrella del trío, que confiara  en ellos. Córdoba seguía incurriendo en sus locuras de siempre. Desde que llegó al hotel, acostumbraba hacer sus necesidades, tanto líquidas como sólidas, en un balde que mantenía en su habitación. Cuando llegaba en la mañana la viejita encargada del aseo, él le mandaba imperiosamente, que  sacara esas cosas y las botara. Este era un motivo más para el disgusto constante que mantenía con Maldonado, ya que el ecuatoriano lo regañaba por esa extraña y nauseabunda costumbre que había adquirido.

Alberto empezó entonces a buscar con quién trabajar. Existía en esos días en Medellín, la orquesta de Gil Díaz que interpretaba porros y también boleros. Se  presentaba  en el club Unión y en el Hotel Nutibara. Cuando el director escuchó a Alberto, le dijo que lo necesitaba para cantante de porros; ya tenía un intérprete caleño como bolerista. De esta manera, Alberto hizo unas tres presentaciones con la orquesta, y pudo recoger algún dinero para mandarle a su esposa que estaba en Barranquilla esperando el nacimiento de su primer hijo. A mediados de septiembre, Alberto viajó a esa ciudad para acompañar a su esposa en ese feliz acontecimiento. Nuevamente estaba en Medellín a finales del mismo mes. Pero ya había perdido la oportunidad de continuar con la orquesta de Gil Díaz. Al irse para Barranquilla había sido reemplazado por otro cantante. Nunca como esa vez, fue tan cierto el  dicho “El que se fue para Barranquilla, perdió su silla”. Alberto estaba, una vez más, sin trabajo. Y ya no sólo tenía esposa, sino también un hijo.

En ese momento apareció Jorge Valle. Ya se mencionó que él había llegado de Cartagena, en 1944 con el Trío Armónico los Romanceros. Uno de sus compañeros, Eduardo Fernández que hacía la primera voz, regresó a su tierra, y Jorge estaba buscando un reemplazo. Jorge Valle había escuchado cantar alguna vez a Alberto en Barranquilla y supo que ahora estaba aquí, abandonado por sus compañeros. Acudió a buscarle, y le ofreció hacer parte de su trío. Parecía que iba a haber problema con la voz de Alberto. El Trío Armónico los Romanceros tenía voces delgaditas y no muy fuertes,  como eran las de Fernández y Romero. Cuando Alberto hizo su primer ensayo con Jorge Valle, éste notó que el nuevo cantante tenía una voz que, sin ser muy potente en esa época, de todos modos era muy fuerte comparada con la de Fernández, a quien iba a reemplazar. Jorge supo así desde el principio, que el nuevo trío iba a ser muy diferente del anterior. Alberto aceptó la oferta de Jorge, y de paso le sugirió que acortaran el nombre del conjunto. Propuso que se llamara simplemente, Trío Los Romanceros, y Jorge asintió. En ese momento nació este trío, que a partir de entonces, y durante treinta y seis años, hizo historia en Medellín. Era octubre de 1945.

Y, ¿que se hicieron los otros dos integrantes de Los Caballeros de la Noche? Hernán Córdoba se enfureció con Jorge porque, según él, les había arrebatado el cantante del trío. Llegó incluso a desafiarlo a pelear a los puños; él estaba acostumbrado a esa forma de “arreglar” sus problemas. Jorge  insistía en que ellos dos habían hecho muy mal al abandonar a Alberto durante tanto tiempo. El otro músico, Manuel Maldonado permaneció en la ciudad haciendo parte de varios duetos y tríos, hasta el fin de su carrera artística. Curiosamente, Hernán Córdoba y Manuel Maldonado se unieron a principios de los años cincuentas con Luis E. Pabón, para conformar el Trío Antioquia. Permanecieron juntos muy poco tiempo. Algunos años más tarde, en 1957, Pabón entró a formar parte de Los Romanceros.

Adiós Barranquilla- ALBERTO GONZALEZ

En marzo de 1944, pocas semanas después de la muerte de  César, fallece debido a una larga enfermedad la madre de Alberto González. El maestro de  Moya acompañó a Alberto al cementerio. También estuvieron allí los obreros de la pavimentación de las calles de Barranquilla. Ellos cargaban el ataúd con los restos de Carmen Rafaela de González. Al día siguiente Alberto debía presentarse en la emisora.  Le pidió al maestro De Moya que le permitiera ausentarse siquiera por ese día, pues estaba muy adolorido. Por razones de contrato con el programa de la Compañía Colombiana de Tabaco, no fue posible acceder a su petición. Y así, mientras cantaba alegres ritmos cubanos y cadenciosos porros, a Alberto, con el corazón acongojado, se le saltaban las lágrimas en medio de la actuación.

La situación económica en esos días finales de la segunda guerra mundial era lastimosa. Se deterioró tanto el ambiente de trabajo musical, que el maestro de Moya tuvo que  dedicarse  a vender en tiendas de Barranquilla, un condimento para sopas que él mismo fabricaba; era un sazón con fórmula cubana En 1946 decidió regresar a su patria y se radicó en La Habana. Allí además de ofrecer clases de guitarra, seguía haciendo sus presentaciones públicas; eran su vida. Falleció en esa ciudad en 1971.

A finales de 1943 Alberto González decidió casarse con Silvia Rodríguez en el mes de abril del siguiente año.  Ahí mismo se dio cuenta de que tenía que empezar a trabajar no sólo por gusto, sino también por necesidad.
Hernán Córdoba era un guitarrista que pretendía ser mejor de lo que realmente era. Tenía en la puerta de su habitación una placa de bronce que decía: “Profesor Hernán Córdoba – Guitarrista”. En la costa atlántica llaman “hazañoso” a una persona así.
Este guitarrista, siendo joven había recibido un golpe en la cabeza, producido por una pesada caja, cuando trabajaba en Puerto Colombia, su tierra natal. A este golpe muchos le achacaban las locuras que frecuentemente hacía. En esa época ya tenía  mujer y un hijo recién nacido,  pero no velaba por ellos. Cuando iba a visitarlos, se pasaba todo el rato fumando cigarrillo, mientras la señora no hacía más que coser ropa día y noche, y poner cuidado a su hijito. El músico no se molestaba en ayudarla en absolutamente nada. Córdoba vivía en esos días de 1943 y 1944, en una habitación del inquilinato que tenía  en Barranquilla el ciudadano italiano Pascual del Vecchio. Del Vecchio era bajito, algo calvo y se hizo famoso cuando el músico antioqueño J. Monsalve, Marfil, le compuso un porro llamado justamente como su nombre, y que interpretó magistralmente la orquesta argentina de Eduardo Armani. Ese porro se escuchó en toda América Latina en la década de los años cincuentas.

Manuel Maldonado era un guitarrista ecuatoriano que había llegado a Colombia haciendo parte del dueto Maldonado-Antepara. Era buen guitarrista, pero le gustaba mucho la parranda y el trago, y  con frecuencia se metía en  todo tipo de  peleas. Por cosas de la vida, Hernán Córdoba y Manuel Maldonado se conocieron, y decidieron trabajar juntos. A pesar de eso, Maldonado y Córdoba disputaban mucho, sobre todo cuando se emborrachaban. El ecuatoriano decía que era mejor guitarrista que Córdoba, y éste le respondía que él era todo un profesor, aunque, justo es decirlo, nunca se le conoció un solo alumno. En una ocasión, Maldonado se levantó del suelo con un mechón de pelo de su compañero en la mano, luego de haberse revolcado ambos en una de sus corrientes trifulcas. A ellos dos se les unió en esos últimos días de 1943, Alberto González, quien estaba  necesitado de un trabajo con que mantenerse a sí mismo y a su futura esposa.
Al nuevo trío así formado, empezaron a llamarlo de vez en cuando. Sólo les daban trago, nada de dinero. En su carro con doble amortiguación, el mismo Rafael Roncallo fue personalmente a la Ceiba, donde residía Alberto. Quería que el trío le animara una reunión. Alberto le dijo con mucha sinceridad, que con gusto lo harían,  pero que, como ya se iba a casar, debía pagarles algo. Esa vez Roncallo les pagó. Pero no volvió a solicitarlos más. Una vez  contrataron al  trío para inaugurar un nuevo almacén Ley. Se montó un escenario en el centro del local, y allí estuvo el conjunto tocando un buen rato, para atraer clientes  al nuevo establecimiento. En otra ocasión actuaron en el Hotel del Prado, compartiendo espectáculo con el gran conjunto, “Emisora Atlántico Jazz Band”, llamada anteriormente Orquesta Sosa. No hubo más contratos.

 Otra de las esporádicas actividades del trío era llevarle serenata a Silvia, la novia de Alberto. A manera de pura anécdota, a Oswaldo Suárez el novio de Alicia, la hermana mayor de Silvia, le gustó la idea de Alberto de llevar serenata a su prometida, y él empezó también a hacer lo mismo con la suya. Solamente que Oswaldo no  tenía conjunto, y entonces le pedía a Maldonado que le hiciera el acompañamiento con la guitarra, mientras el mismo novio se encargaba del canto. Aunque nunca fue músico profesional, él si compuso algunas bellas canciones como por ejemplo, el lindísimo porro  “El negrito fino” que, cantada por el mismo Oswaldo, aún se escucha de vez en cuando, sobre todo cuando se quiere recordar aquellos diciembres ya idos, y que dice así en sus primeras líneas:

Yo soy, yo soy/ yo soy el negrito fino/ Yo soy, yo soy/ yo soy el negrito fino/ que fuma tabaco en bomba/ soy el hijo de Aquilino/ de Aquilino Chirindonga/ Yo soy un negro decente/ soy negro de sociedad/ soy un negro inteligente/ educado en Bogotá/.
Oswaldo era algo mayor que Alberto y no se sabe por qué razón, empezó a manifestar abiertamente su inconformidad por el matrimonio de Alberto con Silvia. Hablando con aire de predicador, delante de la familia de la novia, expresaba que Alberto no era el indicado para Silvia. Un día Alberto  fue al negocio que tenía Oswaldo dedicado a la venta de artículos momposinos de oro y plata, y allí le increpó por la oposición que estaba manifestando contra él; el asunto terminó en que el cuestionado enamorado, muy perturbado porque Oswaldo estaba tratando de alejarlo de su querida novia, tomó un palo, y con él empezó a golpear a su contradictor. Este tuvo que salir corriendo.

Volvamos al hilo que traíamos. Alberto se casó en abril de 1944, y el hecho es que en Barranquilla no había muchas oportunidades para quien quisiera dedicarse a la música como profesión.  Trató entonces de emplearse en otro oficio más provechoso. Se dedicó a llevar muestras de traperos, que hacía Armando Varela, un conocido suyo, a las tiendas. Recorría muy preocupado, algunos barrios de la ciudad, llevando  su cargamento de palos y tiras de trapos. Sí lograba vender algo, pero no lo suficiente. Pensó entonces que tampoco esto había dado resultado. Tenía que buscar otro camino. Entonces de acuerdo con su esposa, y sus dos compañeros, decidieron marcharse para Bogotá. El maestro Roberto de Moya cuando supo con qué compañeros se iba a ir Alberto, le pidió que no lo hiciera. “Ellos son unos piratas y te van a dejar botado”, fue lo último que le profetizó.

 Lo primero que hicieron Maldonado, Córdoba y González, fue ponerle un nombre al trío, lo llamaron “Los Caballeros de la Noche”. No tenían ni siquiera un uniforme decente para las actuaciones. Así no podían presentarse en la capital del país, la ciudad de los que visten de cachaco. Le pidieron a Rafael Roncallo que les concediera en su emisora un programa de beneficio, con el fin de recoger algún dinero para el viaje. Él no fue solidario. Parece que sólo le interesaba tener sus músicos en Barranquilla, y no pensaba apoyarlos para que se fueran a otra parte.

Afortunadamente, los dueños costarricenses de la Emisora Atlántico, sí le colaboraron al trío, regalándoles un programa. En él actuaron además de Los Caballeros de la Noche, un músico antioqueño de apellido Montoya. Éste tenía un programa llamado “La voz de la montaña”, en una emisorita llamada Radio Barranquilla. Allí, haciéndose pasar por un viejo campesino antioqueño, siendo que en realidad él era todavía joven, cantaba todos los días sus bambucos y pasillos, acompañándose él mismo con su tiple. Esa vez, en el programa de beneficio, Montoya, durante la presentación les recomendaba una y otra vez a Los Caballeros de la Noche, que no se fueran para Bogotá, sino para Medellín. Al otro día, Alberto salió a recoger el dinero donde los dueños de los almacenes que habían hecho anuncios comerciales en el programa de beneficio. Con ese dinero consiguieron los uniformes. No les alcanzó para más; ni siquiera para los pasajes. El trío viajó por el río Magdalena desde Barranquilla, en el barco Capitán Caro, tripulado por el capitán Ballestas. Curiosamente este capitán era familiar y padrino de bautismo de Silvia, la esposa de Alberto. Pero hasta ese momento,  ellos dos nunca se habían encontrado.